Recuerdo un verano

La memoria respira el yodo en las heridas

de lavas negras, moteadas de sal

de las orillas

abiertas a un mar tan en calma

que se diría vacío.

Ahora es el calor de no hacer nada

con la boca entreabierta.

Lo demás desaparece

más allá, entre la calima.

Un reloj de luz que se derrama

sobre la arena, hasta la noche;

sobre el mar, hasta mañana.

Una soledad que contempla el Universo:

Espiráculos de fuego y las estrellas

en el cielo de la noche y el océano.

El viento nunca se detiene para verla.

Rodeada de agua,

la tierra del recuerdo es infinita,

las orillas son sólo del mar

donde la roca y las arenas se cobijan.

JDL

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