Madrid y su olor a frío seco
era entonces un billete en tránsito
entre la apatía y el destino.
Dando tumbos un día y otra noche
de un libro a una música.
Una estación atestada de horas sin sueño
de vida sin tiempo;
de náufragos del metro
entre el humo y las calles grises de cielo
sobre los edificios grandes y viejos.


Caos de luces y sombras
del que solo me salvó
tu sonrisa blanca
y roja;
el amor y tu manojo de curvas
que en silencio entretejía
la silueta del camino
que me llevó no tan derecho a la salida.


Aquella vida que fue maravillosa
porque no tuvimos otra
quedó suspendida en unas fotos,
unas muecas en blanco y sepia
que miran eternamente desde un papel
con toda la fuerza de la vida
que ya no es
pero que fue.


Mirando aquellas fotos
me alejaba en espejismos
intentando encontrar de nuevo aquella voz
pero ya
ni puedo, ni necesito recordarte
porque es tu recuerdo el que me asalta
entre los sueños y las horas
sumergido en un olor,
envuelto en una música, bailando
en una luz, dormido para siempre
en un amor.


Buscarte es dejar que me encuentre
aquel recuerdo
esperarlo y respirar;
dejar que me impregne y resuene
entre los dos
y que haga conmigo lo que quiera
al fin y al cabo aquél recuerdo no eres tú
y el que escribe este verso
no soy yo.

JDL

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