El tiempo paseaba por el valle.

Paseaba con el paso
de quien se siente parte de su valle,
de su pueblo
de su bar y de su plaza.
Cada rincón sabe quién es, por dónde va,
dónde se para.

En su piel se había fundido ya
el humo de los puros que fumaba
arrugándose en ceniza con cada bocanada
el sudor de los días de verano
los vasos de ron hasta la madrugada.

Hay ventanas que llevan puesta su mirada
mientras miran entreabiertas a la tarde
callando secretos de aquel valle
secretos que sólo él conoce, recuerdos
tan antiguos que ya no son de nadie.

Es todo tiempo que fue y ya no pasa
un puro que arde apenas, lento
y no se apaga;
una canción antigua que bajó el barranco al horizonte
y vuelve con cada marea,
resuena en cada casa, cada calle, cada piedra.
En el valle todo empieza y todo acaba
una cara de luz y otra de sombra
una le sostiene y la otra le señala
un camino le sube, por el otro
se baja.

En su sonrisa duerme para siempre
el cuerpo de aquella mujer ¿hace cuánto fue?
tumbada de costado sin mirarle
su ropa colgada en una silla
aquella plácida y deliciosa postura:
dos almendras de sombra sobre los labios dormidos
y un aire de luna
sobre el negro de su madera oscura.

El giro sosegado del ventilador en un verso infinito.
El murmullo superpuesto de las olas
mezclado con el olor de la calle.
Suena la canción y pasa la tarde.
Los abanicos rotos de las plataneras
mecen el fondo del valle.

TIERRA (segundo premio en el concurso para empleados del Cabildo Insular de Tenerife 2018)

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Echada entre dos mareas

se arrulla su soledad:

una orilla de sal y roca,

otra de alisio y pinar.

Respira un aliento azul

sobre la arena brillante,

la luz abierta se pierde

en horizontes de mar.

Momentos en la memoria,

de la marea que borra

las huellas sobre la arena;

y de los callaos que murmuran

cuando la ola se va.

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Agua que exhala el viento

viento que moja la tierra

tierra que nutre la vida

que camina, trabaja y sueña.

Olas de viento susurran

sobre las vencidas ramas;

las nubes arropan los montes

en movimiento infinito

de laurisilvas mojadas.

Caminos entre los riscos

que se abren al sur y al norte,

cada ladera su pueblo

cada pueblo su nombre.

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Los valles se dejan dormir

sobre el azul sin fronteras.

amontonadas nubes sin fin

sin inviernos ni primaveras.

En los muros empedrados

y en el barro entre las tejas,

los verodes taciturnos

lloran la lluvia que deja

una mañana nueva

oscura de musgos y nieblas.

Sombra blanca que cala

como un espectro de agua

por los barrancos del alma.

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Monstruos de lava atrapados

en desiertos de picón y arena

rajado calor rojo y negro;

frío de millones de estrellas.

 

Hacia los picos más altos,

al borde del camino seco

que se pierde y que se encuentra

por gargantas de barranco

entre las lenguas de piedra;

todo se detiene absorto

en un lagarto somnoliento

inmóvil sobre la tierra

como si fuera su dueño.

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Heladas de luz se yerguen

sus cimas sobre los vientos

meditando su inmensidad:

el sol sobre la mirada,

su mirada sobre el mar.

Tierra viva y encendida

mar y fuego, negro y mar

abrigando nuestros siglos

a latidos de volcán.

JDL