Sin tiempo

En 2017 tuve el enorme placer y gran honor de colaborar con mi buen amigo y gran artista Giovanni Ozzola en este interesante proyecto suyo que me atrapó de inmediato y para el que hube de escribir un texto en el que trabajamos juntos, que serviría de guión a un vídeo.

Inicialmente escrito en español pero siempre con la idea de que, finalmente, lo traduciría al inglés para su incorporación definitiva al proyecto. Aquí están ambas versiones:

Noche oscura, el corazón lleno de miedo,
el horizonte no se acerca
porque tampoco se aleja.

Ver una vez más en la distancia,
la sal sobre la piel;
todo el silencio cabe en tu mirada.
Sintiendo la cercanía de un alma
de labios y
palabras saladas.

No se por qué te fuiste,
no se si vienes o vas.

El mismo viento que lo aleja, lo devuelve
y ya no se puede mirar pero se ve sin más,
respirando el horizonte, el mundo,
entre las olas del mar.

No quisiera perderme,
hoy no.
Tu eres la que se mueve, pero yo soy el que se va.

Los caminos se adentran en el tiempo, ciegos

hacia un reencuentro. ¿Dónde?

Vaciado lentamente en cada aliento,
sobre el lecho invisible del ahora.

Los ojos abiertos, la soledad
sola.

A saltos se aleja y se deshace
un barco que partió de madrugada
silencioso
entre otros pensamientos.
Arena, mi dulce y adorada arena.

Cuando no estás mirando
los sueños te devuelven la mirada;
los besos
rompen la noche y la mañana.

Todo está en el viento desde siempre
en un único camino.

El mismo viento
en un mensaje infinito
hacia el océano.

Este es el extracto de la obra que redactamos para la exposición:

«Un hombre indistinto en el paisaje, un paisaje más grande que se acerca sobre él, su silueta y energía se destacan, él es el centro en ese concreto momento, en ese concreto lugar.

El hombre mira hacia el mar y le habla. Su idioma nativo es el silbo. Un flujo de aire que sale de él y se funde con el viento, se fusiona con el paisaje. Naturaleza y hombre vuelven a ser uno.

El vídeo fue rodado en Añaza, barrio periférico de Santa Cruz de Tenerife. Zona brutalmente urbanizada en las últimas décadas, a pesar de haber sido un yacimiento arqueológico guanche, habitantes aborígenes de la Isla, y declarada Sitio de Interés Cultural.

El silbo gomero es un lenguaje arcaico pero aún utilizado en una remota isla del Océano Atlántico, La Gomera. En 2009 fue declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO. »

La obra se estrenó en Beijing, China, y ha sido adquirida por dos museos de aquel país, el BAO y el M WOODS MUSEUM.

Nunca podré agradecer suficientemente la oportunidad que me brindó Giovanni Ozzola de participar con un artista de su talla y trayectoria en un proyecto como este, así como su generosidad en todo el proceso.

Puede verse su obra por todo el mundo ya que, este artista inagotable ha realizado y realiza exposiciones continuamente. A través de este enlace puede disfrutarse de algunas de sus maravillosas y siempre interesantes obras

https://www.galleriacontinua.com/artists/giovanni-ozzola-57

Septiembre

Ya se pasea septiembre

tranquila por las tardes

se acurruca su luz dormida

en las esquinas de la gente

y en la vida de los parques.

El mar respira muy hondo,

el recuerdo se llena y se vacía

de mareas vivas

que a la tarde-noche

me traen tus ojos

entornados de brisa.

No sé si se va más un verano

de lo que llega otro otoño,

pero yo, voy a quedarme aquí

en este septiembre,

ayunando lunas llenas

en lo que cruzas la lluvia

y las arenas

mientras pasa lo gris

y la tormenta

del verano que se fue

y el otoño que se adentra,

aquí te espero

aquí, te echo de menos

en este lugar de mi alma

donde siempre

es una larga y cálida tarde

de septiembre.

JDL

Cambio de estación

Tú eras otoño

y yo necesitaba primavera y brotes verdes.

Noviembre en cada poro.

Eso eras.

Frío que se colaba en los tendones,

viento en mi madriguera.

 

Tú eras otoño

y no te dabas cuenta.

Eras lluvia en mi vientre.

Eso eras.

Tristeza y tiempo recio,

tardes cortas.

Tarea en la maleta al volver del colegio.     

 

Otoño en tus andares.

Cualquiera diría casi invierno

porque a veces nevabas con tus palabras yermas.

Eso eras.

Otoño y cielo plúmbeo

y yo necesitaba primavera.

 

Como una hormiga alada

 volé de tu hormiguero

para salvar las ansias de tibieza en mi cuerpo.

Fundé mi propio reino.

No quería tu otoño,

esa estación que llevas dibujada en el rostro:

seria y umbría mueca.

 

Quedaron para otras

sombrero y capa negra,

vitamina d encapsulada,

barro en las botas viejas…

Tú eras otoño

y yo necesitaba primavera.