Rorcual

Respiramos el mismo aire
Desde dimensiones diferentes
Separados por una fina lámina
Que transitamos por instinto
Casi a la deriva.

Unidos por azar en una exhalación
Unos segundos
Sentimos nuestra presencia
Nos unimos, solos en el vacío.

En tu movimiento incesante
Hacia el azul profundo
Desaparece en los abismos desconocidos
Tu respiración prehistórica,
Mirada de millones de años
Que se pierde sin temor en la oscuridad.
Una vida sumergida en otro tiempo
Otro sueño, otro ahora
Difuminada en la inmensidad
Con una lenta pincelada de su cola.

Te vas y quedo abandonado
En mi aliento corto,
En un cuerpo precario, minúsculo y desnudo
Errante en las mareas
Con tu presencia anclada en mis arenas

Sin saber ya adónde mirar.

JDL

El tiempo paseaba por el valle.

Paseaba con el paso
de quien se siente parte de su valle,
de su pueblo
de su bar y de su plaza.
Cada rincón sabe quién es, por dónde va,
dónde se para.

En su piel se había fundido ya
el humo de los puros que fumaba
arrugándose en ceniza con cada bocanada
el sudor de los días de verano
los vasos de ron hasta la madrugada.

Hay ventanas que llevan puesta su mirada
mientras miran entreabiertas a la tarde
callando secretos de aquel valle
secretos que sólo él conoce, recuerdos
tan antiguos que ya no son de nadie.

Es todo tiempo que fue y ya no pasa
un puro que arde apenas, lento
y no se apaga;
una canción antigua que bajó el barranco al horizonte
y vuelve con cada marea,
resuena en cada casa, cada calle, cada piedra.
En el valle todo empieza y todo acaba
una cara de luz y otra de sombra
una le sostiene y la otra le señala
un camino le sube, por el otro
se baja.

En su sonrisa duerme para siempre
el cuerpo de aquella mujer ¿hace cuánto fue?
tumbada de costado sin mirarle
su ropa colgada en una silla
aquella plácida y deliciosa postura:
dos almendras de sombra sobre los labios dormidos
y un aire de luna
sobre el negro de su madera oscura.

El giro sosegado del ventilador en un verso infinito.
El murmullo superpuesto de las olas
mezclado con el olor de la calle.
Suena la canción y pasa la tarde.
Los abanicos rotos de las plataneras
mecen el fondo del valle.

Noches en jazz

Hay noches en que parece que ya estuviera todo escrito

sin espacios en blanco para respirar

que no queda más amor en la ciudad que el viento

entre los edificios de portales solitarios y sombríos

las calles vacías que suspiran tu recuerdo a las afueras

en una sinapsis imposible entre luz y oscuridad.


No hay un escondrijo en el que besarte

lejos de nuestras miradas sin que nos vean los demás

mientras sigue sonando esa elegante música de jazz

se nos acaban las horas en el fondo de una copa que siempre está por terminar

en una melodía infinita de no enamorarse de nada

para poder amarlo todo una vez más.


Noches en las que siento que esto va de perder

o de ganar

¡porque los hay que pierden eh! Y los hay que ganando

pierden mucho más.


Hay mañanas que debieran llegar y no llegan

o tal vez es que no las sé esperar

sólo que paseo entre tantos huecos de mí mismo

que no se llenaron de llorar, en un camino que parece interminable

que  ya no sé si seguir escribiendo, si seguir esperando

si dejar el recuerdo en el tiempo para no verlo más

perdido en algún lugar de la ciudad, entre el fondo de una copa

una llamada perdida y una música de jazz.


Omós

Ser uno solo con los demás a un tiempo

Hablarse a uno mismo del mundo que somos

Ser, desde dentro, siempre hacia fuera

Levantar la mirada y el verso

Amar lo nuestro en los demás,

a los demás en lo nuestro,

y centrarse en que no hay un único centro.


Estar en cada ahora

Los ojos abiertos

Hacer nuestro este mundo que a cada vuelta

lo mismo llora, que ríe,

que baila, que inventa,

que sufre,

que sueña, que vuela,

que muere y que nace,

que vive y que no.


Ser esa parte más de un todo

un peso más, un arma más,

un dolor más, una opresión más,

una tiranía más,

o no.


Ser valientes, rebelarse en una lucha sincera

Ser fieles a ese grito de dentro

amordazado por la comodidad y el tiempo.

No abandonar el amor

entre los despojos de otro mundo

que decidimos despreciar por pura cobardía,

por no atrevernos a entender

que no basta un lamento para acallar la conciencia,

que aunque no tengamos ojos suficientes

todas las lágrimas son nuestras.


Sentirse parte y decidir sereno

Ser una ínfima fracción del antídoto

o una gota más del veneno.

Contemplar cada circunstancia y decidir

si ser una mano más

o una mano menos.


Comprometerse con el mundo que queremos

Porque si no caes en la trampa

y borras la frontera que nos divide

es tu mundo el que se ensancha;

Si encuentras aquello que nos une

ya nada nos separa;

Si te despojas del miedo y cuestionas las creencias

y no ves ni el credo, ni el color,

ni su costumbre, la lengua o la presencia,

cuando solo ves los ojos que te miran

se revelan como propias sus carencias

y el espejo te devuelve reflejado

el alma desnuda de otro tú

en una suerte de lúcida demencia:

Esa forma del amor que es mirar al otro

y no ver ninguna diferencia.


JDL

Mar y fuego (2018)

Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.


Echada entre dos mareas

se arrulla su soledad:

una orilla de sal y roca,

otra de alisio y pinar.


Respira un aliento azul

sobre la arena brillante,

la luz abierta se pierde

en horizontes de mar.

Momentos en la memoria,

de la marea que borra

las huellas sobre la arena;

y de los callaos que murmuran

cuando la ola se va.


Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.


Agua que exhala el viento

viento que moja la tierra

tierra que nutre la vida

que camina, trabaja y sueña.


Olas de viento susurran

sobre las vencidas ramas;

las nubes arropan los montes

en movimiento infinito

de laurisilvas mojadas.

Caminos entre los riscos

que se abren al sur y al norte,

cada ladera su pueblo

cada pueblo su nombre.


Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Los valles se dejan dormir

sobre el azul sin fronteras.

amontonadas nubes sin fin

sin inviernos ni primaveras.


En los muros empedrados

y en el barro entre las tejas,

los verodes taciturnos

lloran la lluvia que deja

una mañana nueva

oscura de musgos y nieblas.

Sombra blanca que cala

como un espectro de agua

por los barrancos del alma.


Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.

Monstruos de lava atrapados

en desiertos de picón y arena

rajado calor rojo y negro;

frío de millones de estrellas.


Hacia los picos más altos,

al borde del camino seco

que se pierde y que se encuentra

por gargantas de barranco

entre las lenguas de piedra;

todo se detiene absorto

en un lagarto somnoliento

inmóvil sobre la tierra

como si fuera su dueño.


Mar y fuego, negro y mar.

Mar oscuro, negra arena

mi tierra no es sólo tierra,

mi tierra es arena y mar.


Heladas de luz se yerguen

sus cimas sobre los vientos

meditando su inmensidad:

el sol sobre la mirada,

su mirada sobre el mar.

Tierra viva y encendida

mar y fuego, negro y mar

abrigando nuestros siglos

a latidos de volcán.

JDL

Madrid y su olor a frío seco
era entonces un billete en tránsito
entre la apatía y el destino.
Dando tumbos un día y otra noche
de un libro a una música.
Una estación atestada de horas sin sueño
de vida sin tiempo;
de náufragos del metro
entre el humo y las calles grises de cielo
sobre los edificios grandes y viejos.


Caos de luces y sombras
del que solo me salvó
tu sonrisa blanca
y roja;
el amor y tu manojo de curvas
que en silencio entretejía
la silueta del camino
que me llevó no tan derecho a la salida.


Aquella vida que fue maravillosa
porque no tuvimos otra
quedó suspendida en unas fotos,
unas muecas en blanco y sepia
que miran eternamente desde un papel
con toda la fuerza de la vida
que ya no es
pero que fue.


Mirando aquellas fotos
me alejaba en espejismos
intentando encontrar de nuevo aquella voz
pero ya
ni puedo, ni necesito recordarte
porque es tu recuerdo el que me asalta
entre los sueños y las horas
sumergido en un olor,
envuelto en una música, bailando
en una luz, dormido para siempre
en un amor.


Buscarte es dejar que me encuentre
aquel recuerdo
esperarlo y respirar;
dejar que me impregne y resuene
entre los dos
y que haga conmigo lo que quiera
al fin y al cabo aquél recuerdo no eres tú
y el que escribe este verso
no soy yo.

JDL

Melocotones en almíbar

Enmudece al punto

Cada latido, cada nota,

Cada verso de las melodías

Rotas

Por esta Disonancia atronadora

Parte de un equilibrio más profundo e incomprensible

Burla involuntaria del tiempo que tarde o temprano

Acaso se resuelve.


Amanece al menos una vez

Entre noche y noche

Y todo da vueltas lentamente

Como una pareja de ancianos que bailan Si tu vois ma mère

Vestidos de etiqueta entre las horas

De un salón cubierto de parqué.


Tú te vas y mi alma contigo

Viaja en la sonrisa de tus ojos

Aquellos que me miraban con dulzura

Sin que yo me diera cuenta

Mientras leía un libro

Miraba por la ventana, o comía

melocotones en almíbar.

JDL

La punta del muelle.

Suspendido tu brazo en el vacío

empuñando la luz frente a la tarde que nos deja

puerta abierta al mar que me recuerdas

que nunca estuve tan lejos de casa

ni tan cerca.

Que desde ahí se abre la vida entre las horas

sin rutas trazadas de antemano

Que si te pierdes aquí adentro

no hay guía por la senda torticera

Que los faros se hicieron

para verlos desde fuera.


Que hay temporales que no pasan

desconsuelos para los que no hay abrigo

y apenas se ve lo que te espera.

Que pase lo que pase, pasará

naufragado entre el tiempo y la marea.

Que no hay mirada atrás

Que no hay viaje de vuelta.


Tu impronta me acecha entre las calles

con el viaje pendiente que no cesa

Allí donde se abrazan calma y oleaje

se me vierte el alma por la bocana al mar abierto

y ensueño que me arrojo entre las olas y navego

desbocado de sal hacia la nada

Que salgo de tu puerto sin maletas

a morir mientras le pego  

mordiscos de viento a la marea

Con la punta del espigón en la memoria

Y las ganas de sentir entre las cejas.

JDL

Algo de mí rima

Algo de mí rima

con el eco de un horizonte

en las nebulosas de hace millones de años

luz, tal vez antes del tiempo.


Algo se acopla

con la resonancia del bajo

con los ritmos imposibles y el metal opaco

por el que exhala parte de su vida un músico de jazz;

con el humo que sale de sus labios

que sonríen sin maldad.

Late con nuestras manos

que vienen y van

árboles arrullados por el sueño

en un eterno retorno de atardeceres;

cubierto

en tu piel de mar por donde se pierden

los ojos hondos del viento.

Por el camino que viene y vuelve

me adelanto y me dejo atrás

me paro

mi voz se escucha en la tuya

y la tuya en todo lo demás.

A ratos el eco se disipa,

los sonidos se desvanecen y las manos

y los besos todos

se funden

con la luz de millones de galaxias

y el vacío del espacio.


En el olvido de mis sueños

sólo escribo, solo; ensoñaciones.

Solo, con todo, observo en los espejos

me propago con los armónicos imperceptibles

sin tiempo por las estaciones.


En un  silencio despierto

aquí sigo, sorprendido

una leve oscilación sin Universo

una música perdida…

una onda más de este concierto.


Y estoy más aquí que nunca.

Soy ya del mar que me bañó

soy los besos que te di, la música que toqué

tu voz, y tú la mía,

la inmensidad de la noche

la luz del nuevo día.


No sé si soy yo ya, pero estoy,

solo que en otras cosas y de forma diferente,

en la melodía que te duerme

en el ritmo con que bailan los astros;

ese calor que sientes

cuando te falta un abrazo;

en la sonrisa de un recuerdo;

ese olor de abrigo viejo

que sale de un armario;

un poema que te habla;

un sueño que pasa;

ese horizonte de mar

que te devuelve para siempre


…una mirada.

JDL